El deporte moderno ya no es un mero ejercicio de superación personal como lo era a principios del movimiento olímpico. Hoy en día, factores como la monetización de los resultados o la creación de una base suficiente de seguidores son factores clave para que una actividad deportiva, un club u organización puedan sobrevivir y obtener beneficios de dicha práctica.

Para responder a tales necesidades, sin obviar el componente competitivo de la realidad deportiva, tanto en Norteamérica como en Europa nacieron dos modelos de competición con algunos elementos comunes y otros opuestos, como son el sistema de liga cerrada americana o de franquicias deportivas (donde los distintos niveles o divisiones son compartimentos estancos) y el sistema europeo de liga abierta con descensos y ascensos. Evidentemente, existen modelos híbridos como pueda ser la Euroliga de Baloncesto o sistemas sui generis como la Liga Argentina de fútbol, pero aquí intentaremos reflexionar sobre los dos sistemas más importantes.

Así pues, una confrontación entre los dos modelos de liga más conocidos es un factor a tener en cuenta para cualquier inversor en el deporte, ya que ambas estructuras tienen su base en concepciones distintas. Un sistema de liga cerrado como el americano, donde los equipos o franquicias no descienden, sino que se transforman, deslocalizan o desaparecen después de comprobar la vialidad del proyecto en por lo menos un lustro, genera una mayor tranquilidad en el inversor, ya que, si se invierte o publicita en una franquicia estable, se tiene la seguridad de que se ha invertido en un producto con recorrido.

Por otra parte, es evidente que las grandes ligas deportivas europeas como la Premier League, La Liga o Bundesliga de balonmano tienen gigantes deportivos como el Manchester United, el Real Madrid o el Kiel que, con cuasi cero posibilidades de descender, representan una inversión fiable y duradera. No obstante, en una liga cerrada, casi cualquier franquicia presenta las mismas posibilidades de inversión, no en nombre, pero si en estabilidad.

A esto se añadiría el problema del Draft, mecanismo de elección de jugadores por el cual los peores equipos de una liga cerrada pueden acceder a los jugadores jóvenes o extranjeros más prometedores, por delante de los equipos con mejores resultados recientes. En las ligas abiertas, los equipos simplemente contratan o fichan jugadores en función de su capacidad económica, dejando siempre abierta la puerta a los jugadores formados dentro del propio equipo (la denominada cantera).

Cabe reseñar aquí que no se ha discutido sobre límites salariales, ya que tanto normas internas (convenios colectivos) como normas externas (en el fútbol, el Fair Play financiero impuesto por la UEFA) imponen limitaciones en la cantidad de dinero que los clubes pueden gastar en las ligas europeas, por lo que, en este sentido, la diferencia entre las ligas cerradas y abiertas se ha reducido.

Por otra parte, el reparto económico en una liga cerrada será siempre más justo ya que, al ser en todo caso las mismas partes negociadoras, el acuerdo tenderá a ser más ecuánime. Una liga abierta intentará favorecer a sus gigantes, aunque casos como la Premier League inglesa demuestran que un reparto más equitativo es siempre posible. Desgraciada y paradójicamente, las ligas cerradas norteamericanas difícilmente podrían existir en la Europa de la libre circulación de personas y capitales, ya que el impedimento de contratar/fichar a jugadores de forma libre, al menos europeos, iría en contra de las políticas de la Unión Europea. Y aquí, el inversor deberá decidir entre la rápida obtención de resultados (a priori), fruto de la acaparar jugadores con potencial propio de un sistema abierto o la lenta construcción de una franquicia triunfadora por medio de la (semi) lotería del Draft.

Siempre se ha dicho que en Europa nos gusta más la posibilidad de que cualquier equipo llegue a lo más alto y pueda incluso competir a nivel continental (el ejemplo de la epopeya en la Copa de la UEFA del Alavés en 2001 todavía pervive), dejando de largo las preocupaciones sobre la viabilidad económica, creando ello problemas de deuda, por ejemplo. Pero la emoción de los aficionados es mayor, dado que sus equipos pueden progresar en el escalafón. Las ligas cerradas, aunque generalmente de mayor tamaño, incluso en la Europa del Este (con el ejemplo de la Kontinental Hockey League a la cabeza), no permiten a cualquier equipo codearse con los gigantes, vengan del pueblo mas pequeño o de la división más ínfima.  Así pues, la decisión final depende de lo que el inversor quiera y de ti, lector. ¿Qué modelo prefieres?

Categorías: Eventos deportivos

Juan Crespo

Abogado, experto en derecho deportivo

1 comentario

Será el sistema de franquicias el futuro, no tan lejano, del deporte europeo - Scoutim · 13 julio, 2018 a las 14:39

[…] La problemática relativa a las ligas abiertas y cerradas ya fue discutida con anterioridad desde este foro. No obstante, se trata de una realidad deportiva que tiene múltiples facetas. Como el lector frecuente de periódicos deportivos bien sabrá, la UEFA, confederación continental que vela por el fútbol europeo, ha decidido llevar a cabo nuevos cambios en su competición más célebre, la Champions League. Es cierto que la mayoría de las principales competiciones que enfrentan a equipos de distintos deportes y países europeos han venido sufriendo cambios para adaptarse a los nuevos tiempos, principalmente la Euroliga de baloncesto y la Champions League de Balonmano, gobernada por la EHF y el fútbol no podía ser menos. […]

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